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sábado, 28 de enero de 2012

La que faltaba, por Emmett Honeycutt.

Pues eso, la que faltaba por rellenar esto:


Saberte un disco de memoria: yo soy la persona más desmemoriada del mundo (Cameron se preocupa mucho a este respecto). Lo olvido absolutamente todo: fechas, polvos, exámenes, peleas… Todo menos las letras de las canciones, que me las aprendo de pé a pá con sólo 2 ó 3 escuchas… Siempre pienso que si alguna vez fuese a Operación Triunfo, mientras los demás están en esa clase de aprenderse la letra, yo iría un paso por delante, ensayando coreografías y eligiendo vestuario antes que los demás.


Hacer voodoo: ¡Sí! Yo tuve una época en mi adolescencia en la que me tomaba estas cosas super en serio… Jugaba a la ouija con mis amigos, hacía conjuros, paseaba a la perra con una estaca por si aparecían vampiros, e iba mucho a Natura. Buffy era (y es) mi modelo a seguir. Y, claro está, también hice voodoo alguna vez, a una chica de mi clase a la que odiaba y que a los 14 dejó el colegio porque se quedo embarazada. Así que parece que funcionó.


Aprobar un examen sin estudiar: muy frecuente en mí. Aunque Cameron piense que no, yo soy muy inteligente.


Terminar la carrera: estoy a punto de terminar la segunda.


Ir a una fiesta que dure dos días: este verano estuve en un festival con Wallace y más amigos (véase Arroz Salvaje), y fue una fiesta continua de 5 días… De las mejores semanas de mi vida.


Emborracharte: el día que ha contado Wallace en el que acabó durmiendo en el suelo del baño mientras la gente meaba con los genitales pendiendo sobre su cabeza, yo estaba vomitando sangre por la cocina, el dormitorio de mi amigo y el salón, en dónde una chica se resbaló y acabó de esta guisa.


Este es sólo un ejemplo… otra noche me emborraché tanto que me acabé enrollando con Marc Anthony.


Enamorarte: me he enamorado locamente en 4 ocasiones. Las 3 primeras fueron entre los 15 y los 19-20 años, siempre de mis mejores amigos y siempre no correspondido. La cuarta fue de mi novio.
Hace ya más de 2 años que mi corazón está intacto… Se aceptan pretendientes.


Enamorar a alguien: a mi ex evidentemente le enamoré… aunque tardase 4 días en irse con el ex de Wallace.
Aparte de eso, hace un par de años me enteré que un amigo estuvo enamorado de mi un tiempo… Y actualmente tengo al chico de la cita del otro día haciendo planes para el casamiento, pero creo que le voy a cortar el royo pronto.


Leer un libro del tirón:...


Besar a alguien de otro continente: pfff… mejicanos, americanos, canadienses, argentinos, cubanos, un vietnamita, un marroquí (que era CLAVADO a este), portugueses, británicos, italianos, franceses, rusos… hasta canarios.
Dicho así parezco un poco zorra.


Tener sexo en tu lugar de trabajo: trabajar es de pobres.


Tener sexo en un lugar inusual: además de playas y campo (de noche y de día), coches, baños, cuartos oscuros, garajes… el sitio más raro donde lo he hecho ha sido en la sala de radiografías de un hospital, con un medico.


Tener sexo con una persona que acabas de conocer: ¿Yo? Nunca.


Ser infiel: eeeeeh… aaaaahm… estoooo…


Mentir y que no te pillen: soy la persona que peor miente del mundo, pero sí, alguna vez me ha salido bien (mientras mi ex no descubra este blog…).


Escuchar la novena sinfonía de Beethoven: no sé… ¿es esta?


Confessions on a blogfloor, por Cameron Tucker.

Como la vida de un profesor/estudiante en enero no tiene nada de bonito ni de interesante (horas y horas de corrección y estudio no dan para muchas aventuras) he decidido plagiar (vilmente) la iniciativa de Wallace y, así, contar algunas anécdotas emocionantes y sórdidas, a ver si así me quito el sambenito de Charlotte York de una maldita vez. Y es que, que os quede claro que, aunque mi vida ahora sea ordenada y discreta, casi de señorona victoriana, hubo una época en la que mi día a día era una temporada cualquiera de Jersey Shore... He aquí, pues, mi respuesta a esta lista de cosas:

 - Tener sexo con una persona que acabas de conocer: Bueno... Esa es una de las ventajas de ser mariquí, ¿no? Y quien diga que no, MIENTE.
- Tener sexo en tu lugar de trabajo: Cuando lo tuve aún no sabía que, unos años después, ese lugar se convertiría en mi lugar de trabajo. Sí, he hecho el amor en la Universidad de Woodsboro. En los baños del rectorado de mi antigua facultad. Y digo "hecho el amor" porque fue una cosa bonita y formal, con mi novio de aquella época, y no una cosa sórdida y oscura.
- Tener sexo en un lugar inusual: Siempre que leo esta pregunta me acuerdo de la respuesta que, en un capítulo de Friends, dio Phoebe: "En Milwaukee". Pero no, pensando en mi biografía sexual... ¿es un Burger King lo suficientemente inusual? Si no lo es también tengo un ascensor, una gasolinera y, atención, una rotonda boscosa.
- Viajar a otro continente: Claro que sí, soy un viajero profesional.
- Besar a alguien de otro continente: Esto no, pero sí he besado a hombres de fuera de nuestras fronteras. Y cuando digo "besar" ya sabéis a lo que me refiero. En mi heterogenea lista está El Ruso, por supuesto, pero también un chico inglés y, oh sorpresa, un cubano y un marroquí. Toma sordidez intercultural. Eso sí, retomando el sentido original de la pregunta, me acuerdo de mi primera vez en Nueva York paseando por el Village cuando un rubiasco joven (que se parecía a Sam Evans) me pidió firma y apoyo para una propuesta a favor del matrimonio gay en el Estado de Nueva York. Yo, por guapo y por concienciado, le di cinco dólares y nos pasamos media hora hablando. Le conté que venía de España y que aquí nos podíamos casar y tener los mismos derechos que cualquiera. Él me idolatró por exótico, yo le idolatré por guapo y, si no hubiésemos estado en mitad de la calle, habría sido pasto de la categoría "Tener sexo con una persona que acabas de conocer".

 - Enamorarte: Sí, dos veces. De mis dos maridos, claro está. La primera vez fue una maravilla gloriosa, que está a punto de cumplir su décimo aniversario. La segunda vez fue una pesadilla terrorífica que me hizo tocar fondo.
- Enamorar a alguien: Espero que sí... Hay un hombre que bebe los vientos por mí desde los noventa. Es encantador y profesor también, somos tal para cual. Y ha sido, probablemente, el único hombre que me ha tratado como la reina que realmente soy, pero no me pone... Lo tengo ahí, de reserva, por lo que pueda pasar.
- Aprender a tocar un instrumento: Soy MUY melómano, pero las personas con una incapacidad matemática como la mía no tenemos la menor habilidad musical.
- Saberte un disco de memoria: ¿Y quién no?
- Leer un libro del tirón: Soy tan bibliófilo que a veces se me va de las manos. La última vez que leí algo del tirón fueron los tres volúmenes de "Los juegos del hambre": más de mil páginas en cinco días.
- Meterte en una pelea y salir vencedor: Hace unos años, unos amigos y yo sufrimos una agresión homófoba. Ni que decir tiene que no salimos victoriosos físicamente, pero sí moralmente. Me rompieron el labio (aún tengo una pequeña cicatriz), pero eso sólo me hizo convertirme en un luchador aún mayor por los derechos civiles y por la visibilidad. Aquel puñetazo rompió las puertas de los pocos armarios que aún quedasen en mi alma.
- Escribir un libro: Estamos trabajando en ello... Soy un amante de la literatura y de la escritura, y tengo algo bastante completito a punto de terminarse. Ojalá vea la luz. En lo académico, huelga decirlo, sí tengo muchas cosas publicadas.
- Ser infiel: JAMÁS.
- Emborracharte: Cuando la gente se entera de que llevo más de un año sobrio (vamos, que me he hecho abstemio, pero me gusta enunciarlo así de amaricanamente) cree que soy mojigato y timorato... No. Sólo intento conservar neuronas para mi tesis. E intentar contrarrestar la sistemática limpieza étnica que de ellas hice en mi alocada juventud. Creo que bastará que os diga que no recuerdo 2003. 
- Pujar por ebay por mas de cinco euros: Y por cincuenta... Soy un gran amante de las compras culturales por internet.
- Terminar la carrera: ¿LA carrera? Dirás laS carreraS, las tres carreras.

domingo, 1 de enero de 2012

El año en que recogí preciados frutos, por Cameron Tucker.


En nuestro afán por dejar testimonios de nuestras vidas, Emmett, Wallace y yo hemos decidido que vamos a hacer un pequeño balance individual del año que acaba de terminar (con el objetivo de, en un futuro próximo, cuando seamos ricos y exitosos, podamos echar la vista atrás y regocijarnos por lo mucho que ha evolucionado nuestra vida, y lo bien que nos han tratado los años). 

Empecé el año como el profesor más joven de mi facultad y lo termino de la misma manera (lo que es mucho decir en estos tiempos que corren) eso sí: cobrando lo mismo e impartiendo cuatro asignaturas en vez de una, lo que, a priori, podría parecer un terrible drama, pero que, en realidad, es un buen camino. Me he integrado en mi departamento de una forma brutal, y siento que me he convertido en "la gran esperanza blanca" de la Literatura Comparada en la Universidad de Woodsboro. Además, he creado una sólida red de contactos basados en los favores mutuos y en la fidelidad que ya me ha dado más de una alegría. Encaro, laboralmente, este nuevo año cruzando los dedos para que todo, al menos, siga igual, o... incluso pueda conseguir un jugoso contrato que me haría el chico más feliz del mundo.

En lo referente a los viajes, mi gran pasión a la par que la cultura, la universidad y los hombres, ha estado bien... aunque no ha sido brillante. En mayo estuve en Roma (mi querida Roma, mi eterna Roma) con el matriarcado, saldando una deuda que ésta tenía conmigo después de que mi familia no pudiese visitarme durante el año que viví allí. Además, pasé casi todo agosto de mochilero en los Balcanes, recorriendo cinco países y acumulando anécdotas memorables y experiencias.
También he tenido algunos viajes de trabajo, por investigación y congresos: Madrid, Salamanca, Soria (con mi jefa y mi director de tesis)... que si bien no han sido ninguna gozada, sí que han sido clave en acontecimientos posteriores. Así que, en el tema de viajes, también genial. 

Mi tesis va viento en popa; mi tercera carrera está a punto de ser culminada entre grandes loores; mi familia goza de salud y de una interrelación más que aceptable; he leído más libros que la mayoría de los años (y me he internado en el mundo de Harry Potter y de "Los juegos del hambre", a la vejez); y, aunque no ha sido un año de grandes salidas, ni demasiado festivo (mi demencial jornada laboral no me deja ni demasiado tiempo libre, ni demasiadas fuerzas de disfrutar éste en las calles) he disfrutado de un ocio óptimo y relajado. 

En lo relativo a amistades, he afianzado, aún más, mi relación con "Las cuatro estaciones" (mis cuatro grandes amigas, de las que hablaré en otra ocasión), he retomado el contacto con algunas personas de mi pasado más remoto, y he aprendido y sido capaz de dejar lastre atrás y de no empeñar mi preciado y precioso tiempo en personas que, en realidad, no me aportan nada.

Y, en lo demás... porqué negarlo... la aparición de El Ruso en mi vida (y, aún más, su sorprendente permanencia en ella) le ha dado a mi ordenada, eficiente y, a veces, gris vida, el toque picante y divertido que le faltaba. El Ruso ha llenado el último trimestre de besos de cowboy, de encuentros furtivos a la salida del trabajo, de piernas temblorosas en la arboleda... El Ruso me ha devuelto, contra todo pronóstico, la posibilidad de dejar entrar a un hombre en mi mundo (después de que mi segundo marido hiciese que le echase silicona a todas las cerraduras). Y por eso, pase lo que pase con él, permanezca en mi vida el tiempo que permanezca, siempre le estaré agradecido.

 

Así que sólo puedo decir cosas buenas de 2011... Por ponerle un fallo: que mi sueldo no es todo lo alto que desearía y que he engordado... Pero no siendo mi peso o mi cuenta corriente lo que más me preocupa en la vida, podríamos decir que son males menores.

Además, lo mejor de todo es lo cargado de proyectos e ilusiones que se presenta el nuevo año... Bien es cierto que todas están centradas en lo laboral: pero también es verdad que, en realidad, es éste el único ámbito donde podemos hacer verdaderos planes. Así que... siempre recordaré 2011 con una gran sonrisa. Bienvenido, 2012, estoy esperando a que me sorprendas.


sábado, 24 de diciembre de 2011

Introducing Cameron Tucker.

Emmett y Wallace creen que soy una mariquita remilgada... pero nada más lejos de la realidad. Simplemenete me gusta el orden, la eficiencia y lo académico. Ellas dos me llaman Charlotte, y no es el único mote cruel y televisivo que el mundo me ha endilgado...
Otros amigos, en referencia directa a Ross Geller, me llaman "El tres carreras". Y es que, aunque apenas tengo 28 años, en unos meses terminaré mi tercera carrera universitaria. Además, la semana pasada, terminé mi segundo máster. Y, desde hace dos cursos académicos, soy el profesor asociado más joven de la Facultad de Letras de Woodsboro. Esto puede sonar fascinante y glamouroso... pero en realidad se traduce en una jornada de sesenta horas semanales con la remuneración de un contrato de ocho. Total, un drama.

En lo personal vivo uno de los momentos más tranquilos y felices de mi vida. Recojo los frutos que, con sudor y lágrimas, he sembrado a lo largo de años de duro esfuerzo; me paso los veranos viajando como mochilero por Europa; y disfruto de mis amistades en una ciudad de provincias que, cada día que pasa, está más preciosa.
Provengo de un largo matriarcado lorquiano, y eso ha forjado mi carácter: soñador y romántico, pero también firme y pragmático.
Lo que más me gusta en el mundo es leer y viajar. Lo que menos, la gente maleducada y las personas sin proyectos vitales.
He tenido dos maridos. Al primero lo dejé por intentar conquistar al segundo. Al segundo tardé años en cazarlo, pero lo hice, cortejándolo a la antigua usanza. Al poco, el segundo me abandonó a mí. Por una mujer. Se casan en mayo.

Pero no todo es trabajo, construcción de proyectos futuros y vida espartana. Desde septiembre frecuento a un joven... Y no es aleatorio que use la palabra joven... Nunca nada en mí es producto del azar, de hecho. Pero esa ya es otra historia...
Cameron Tucker.